También en cartografía “No es oro todo lo que reluce”.

Ojo de Dios (Helix Nebula desde el Hubble)

Ojo de Dios (Helix Nebula desde el Hubble)

¿Satélite, avión o dron? Cuando en cartografía nos preguntamos por el principio de inteligibilidad, nos estamos refiriendo al «para qué» se utilizará un mapa o al «desde dónde» se proyectó el mismo -el lugar de enunciación-. Es así que a lo largo de la historia ha habido mapas cuya proyección ha privilegiado el facilitar la representación de las rutas náuticas -es el caso de Mercator-, otros han privilegiado el representar adecuadamente las proporciones de áreas territoriales –es el caso de la proyección de Winkel-Tripel-, otros han privilegiado el representar desproporcionadamente extensiones territoriales para simbolizar su poderío colonialista, otros, una cartografía que representara la mitológica catábasis (descenso al Inframundo para encontrarse con los difuntos), otros, la representación de la dirección hacia La Meca –es el caso de la cartografía musulmana Qibla para orar en la dirección de Makkah-, otros, las conexiones nodales del transporte urbano –es el caso del mapa topológico de Beck del subte de Londres-, etc. Claramente no eran lo mismo ni perseguían los mismos objetivos.
Estos pocos «para qué» que gobernaron a las cartas a lo largo de la historia, hoy se han multiplicado hasta llegar al paroxismo: hay cartografía catastral, cartografía censal, cartografía topológica de los transportes urbanos, cartografía para agricultura de precisión, mapas del delito, cartografía social, etc. También ha variado el «desde dónde»: una característica propia de la modernidad ha sido la visión científica de la construcción de una objetividad, y la emulación del método y la precisión propios de las ciencias naturales. Si bien esa visión «desde arriba» -desde el cielo-, es un simulacro de la mirada objetiva y omnisciente de Dios, bien sabemos que es un artificio humano al que le subyace una inteligibilidad (por ejemplo: administrar un territorio, conquistar, someter, recaudar, viajar, etc.). Es así que en lo que respecta a la cartografía, ésta puede hoy ser construida o producida desde el punto de vista del satélite, del avión, del dron, o del topógrafo. Y, el “ojo” puede ser una una videocámara, una cámara RGB Alta Resolución, una Térmica, Multiespectral o Laser, etc.
También, la variedad de situaciones es tal que, a la manera en que Hobbes lo hizo en su Leviathan, podemos hoy hasta llegar a encontrar al miedo como motor de la actividad cartográfica. Este sería el caso de los esporádicos vuelos con drones para detectar construcciones y mejoras no declaradas realizados por alguna Agencia de Recaudación, que luego son publicados por varios medios de comunicación masiva a los efectos de amedrentar a los contribuyentes evasores con onerosas sanciones económicas. Bien. Esta postura ideológica de la construida mirada de Dios que todo lo abarca ha llevado a una cierta confusión: pareciera ser lo mismo la visión desde el satélite, que la visión desde el avión, o desde un dron. Quizá hasta podríamos aventurar que el extraordinario logro tecnológico y la enorme popularidad de Google Maps ha contribuido a esta confusión. Por un lado, tomamos a estos mapas como representaciones neutrales y objetivas de realidades también objetivas. Nos olvidamos de que el «para qué» de Google Maps no es solo el abastecer mapas a las comunidades, sino el soportar sobre estas transacciones un negocio rentable. Como tal, Google desarrolló un Modelo de Negocios de una enorme creatividad: proveer mapas sin cargo a los usuarios (con la excepción de los usuarios comerciales con elevado caudal de búsquedas, y, a partir de este mes, con los usuarios comerciales de EEUU que compren las imágenes) y percibir ingresos por publicidad como contrapartida. Es decir que sus ingresos provendrían mayormente de la publicidad -y éste sería el fin último de su actividad cartográfica-, y dentro de sus egresos estaría el mantener su servicio cartográfico sin cargo (con las excepciones ya señaladas). También juega aquí el «desde dónde»: no puede ser neutral el hecho de que su centro de operaciones se encuentre en Mountain View (CA, Estados Unidos), como tampoco puede ser neutral el hecho de los intereses geopolíticos de ese país. Tal es así que en esa lógica propia de la jerarquización de intereses, decenas de ciudades internacionales y cientos de ciudades de EEUU están relevadas fotogramétricamente en 3D con imágenes aéreas a 45 grados. Muy posiblemente esta selección de ciudades que hace Google tenga que ver simplemente con una ecuación de mayores ingresos por publicidad en algunos países que otros, o quizá por meros intereses estratégicos geopolíticos.

Búsqueda cartográfica sin 3D

Búsqueda cartográfica sin 3D

Por otro lado, todos estamos tan acostumbrados en nuestra vida diaria a la utilización de los Google Maps, que terminamos creyéndonos que, además de neutrales y objetivos, son de calidad uniforme y precisa, y son adecuados para todo propósito. Caemos en el mismo error cuando merced a la enorme y desvirtuada propaganda de hoy día pensamos que los drones sirven para todo tipo de cartografía. Claramente no es así. Por supuesto que cuando un Municipio, una Provincia, o un País no han ejercido sus soberanías cartográficas haciendo relevar adecuadamente sus territorios, para salir del paso será más que útil una visión satelital de los Google Maps -aún sin metadata conocida- para que a través de su mapa callejero arribe la policía a un barrio desconocido para atender a un hecho delictivo, o para que una ambulancia se presente en tiempo y forma ante un accidente. Pero bien sabemos que la cartografía masiva urbana adecuada a las necesidades catastrales y a la legislación vigente solo será posible mediante las imágenes fotogramétricas estereoscópicas de resolución 10 cms/píxel (y no las satelitales de 50 cms/píxel), con revalidaciones periódicas de 20 cm/píxel y metadata conocida.
Es así que quienes ejercemos responsabilidades cartográficas, tenemos que tener el tino de poder “separar la paja del trigo” para asegurarnos de responder adecuadamente al principio de inteligibilidad que debiera regir la cartografía que diseñamos, preguntarnos el «para qué» de la misma y de allí planificar el «desde dónde» (satélite, avión, o dron), el «cómo» y el «con qué» recursos.
Ing. Flavia Serafini e Ing. Marcelo Marcovich
Colaboración: Ing. y Lic. en Filosofía Alejandro F. Fabri

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